JUCA SPORT

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  • La pagina web Juca Sport esta cambiando su modelo de información, espero en lo sucesivo rendir un sentido homenaje  a todos nuestros jugadores que han demostrado su talento, caballerosidad, su don de gentes y sentido de pertenencia con sus directores técnicos, dirigentes, equipos, con sus compañeros, patrocinadores y con organizadores de los diferentes torneos en los cuales han participado.
  • La idea es hacerlo en vida y poder sacar a la luz pública todo lo que ha dado por  este maravilloso deporte como es el fútbol, y para ello que mejor hacerlo mientras nos este acompañando y pueda disfrutar él, toda su familia y amigos de las diferentes anécdotas vividas en sus años juveniles. 
  • Para ello espero contar con la valiosa colaboración de los jugadores, dirigentes y todas aquellas personas relacionadas con el deporte. 
  • Hay que desempolvar el baúl de los recuerdos y sacar de allí todas aquellas fotografías que han hecho historia en los diferentes torneos y que todos nosotros estamos ansiosos por conocer.
De igual manera brindar informacion de los diferentes torneos que se disputen en la ciudad, obviamente contando con el apoyo de los organizadores de los torneos. La idea es mantener informado a todos los aficionados de la programacion, estadisticas y demas pormenores del torneo a realizar. Complementaremos con fotografias de los equipos, dirigentes y aficionados.
Hasta pronto.
                                     
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"Pecoso" Castro y un cuerpo extraño en el clásico Deportivo Cali - América de 1977

Gilberto "El Mecato" Aristizábal y Fernando "Pecoso" Castro son dos símbolos del fútbol caldense y colombiano. Para hablar en términos futboleros, son leyendas criollas. Mientras "Mecato" ganó una posición en el arbitraje colombiano y pitó en el Mundial de España 1982, "Pecoso" fue un fogoso lateral izquierdo y un técnico que pasó a la historia por sus logros deportivos y por sus disparates como salvavidas de los partidos.

En 1977, cuando "Pecoso" jugaba con el Deportivo Cali, se encontró al "Mecato" en un clásico con el América en un Pascual Guerrero abarrotado de fanáticos rojos y verdes.


"Era un partidazo, no me pregunte cómo íbamos porque no me acuerdo, tampoco cómo quedamos. Lo cierto fue que América estaba encima y hubo un tiro de esquina. Entonces, para retardar el cobro, como estaba parado en el primer palo, le quité la gorra a uno de los fotógrafos, la tiré al campo y le grité...¡Mecato...Mecato!, un cuerpo extraño en el campo. En esa época no existían las vallas publicitarias y los reporteros se hacían ahí, pegados a la raya. Y me acuerdo que "Mecato" se vino y me dijo..."aquí el único cuerpo extraño en la cancha es usted", me sacó la tarjeta roja y me expulsó".

"Pecoso", que como jugador pasó por Once Caldas (dos veces), Deportes Quindío, Deportivo Cali y Santa Fe, reconoce que se le fue la mano por querer "quemar tiempo": "Son cosas del fútbol, que pasan en la cancha y se quedan allí, pero con el paso del tiempo uno las recuerda como vivencias".

Como entrenador, pasó tres veces por el Deportes Quindío, dos veces por Santa Fe y América, Cúcuta Deportivo, Envigado, Medellín, Millonarios, Once Caldas, Atlético Huila, Deportivo Cali y Atlético Bucaramanga.

Hoy, con 71 años, vive en Manizales, la que llamó hace poco en una entrevista como la "sucursal del cielo", al lado de Liliana, su esposa; Marcela, Fernando y Martín, sus hijos.

"Mecato", fallecido en junio del 2016, ganó fama por sus irreverencias en el fútbol aficionado después de su retiro. Era común verlo entrar a una una cancha de gorra o con un helado en una mano y el pito en la otra para empezar un partido. 

En el Mundial de España´82, hizo expulsar a Diego Armando Maradona por pegarle a Paulo Roberto Falcao, juego en el juego que dirigió el mexicano Mario Rubio.

lapatria.com

SECRETOS DEL DEPORTE: El técnico manizaleño vivió una historia con Gilberto "Mecato" Aristizábal en un clásico caleño.

Osvaldo Hernández


En un clásico Once Caldas - Deportivo Pereira le tocó eliminar al técnico que lo guió

En un clásico Once Caldas - Deportivo Pereira le tocó eliminar al técnico que lo guió

Sábado, Julio 11, 2020
SECRETOS DEL DEPORTE: Ramón "Moncho" Rodríguez llegó de Santa Fe, debutó con Gilberto Osorio y luego lo vio llorar la eliminación.

Osvaldo Hernández

LA PATRIA | Manizales

La temporada futbolera de 1978 estaba en la final. Se jugaba la última fecha de la primera fase del Campeonato y el Once Caldas (Cristal Caldas) era el juez del Deportivo Pereira, que peleaba el cupo con el Cúcuta Deportivo.

Dos viejos conocidos en el campo del estadio Hernán Ramírez VillegasRamón "Moncho" Rodríguez con el Once Caldas y Gilberto Osorio con el onceno Matecaña. El primero debutó en el fútbol por el segundo y de ahí el sentimiento de gratitud.

"Moncho" nació en Tuluá, se crió en Bogotá y finalmente reventó para el fútbol profesional en Manizales: "Jugué desde 1971 a 1976 en Santa Fe, en las divisiones menores, pero debuté en el 77 con el Once Caldas".

Se incorporó al Blanco por un cruce de cuentas en el negocio de James Mina Camacho: "Llegué a Manizales siendo joven y fue Gilberto Osorio el que me dio la oportunidad. Eso jamás olvido eso".

Al año siguiente, Osorio salió del Once y se fue a dirigir al Deportivo Pereira. Cuando eso sucedió, "Moncho" se solidarizó con él y le dijo que también se iba. El entrenador le dijo que no, que siguiera en Manizales.

El campeonato se jugó y el Once Caldas, eliminado en la última fecha, era el juez del onceno pereirano en el estadio Hernán Ramírez Villegas, en el clásico tradicional del Eje Cafetero.

"Me acuerdo que Pereira debía ganar para pasar y eliminar al Cúcuta. Y pasó todo lo contrario, lo ganamos al final con gol de Antonio Ríos. Nunca se me olvida ver la gente llorando esa eliminación, incluso, cuando pasé por el lado del profe Gilberto Osorio, al que solo atiné a abrazarlo", recuerda el "Moncho".

La nómina base de ese equipo la conformaban: Evert Armando Ríos, Juan Muentes, Nolberto Molina, Claudio Darío Casares, Ramón "Moncho" Rodríguez, Héctor Jaime Múnera, Farid Perchi, Víctor Hugo del Río, Nelson Gallego, Ramón Orlando Gómez y Antonio Ríos.

Ramón, que hoy tiene 62 años, jugó hasta los 30 años de edad, se retiró del fútbol por una lesión en su rodilla izquierda. En el fútbol no tuvo problemas para jugar por cualquiera de los dos costados. Debutó ante el Bucaramanga en el antiguo Fernando Londoño y golearon 4-2.

Su hijo Sergio le siguió los pasos en el deporte, pero no en el fútbol. Es figura de Caldas en el tenis de mesa. Está casado con Beatriz Elena Morales y también son padres de Catalina

 DE FUTBOL NO VIVE EL HAMBRE

La semana pasada me dolía de la situación de los músicos en tiempos de pandemia; la antepasada, de la de los niños; antes aún, elogiaba el sacrificio de enfermeras y empleados sanitarios. Esta semana quisiera ocuparme del fútbol, pero no para lamentar la situación de los futbolistas profesionales, la de los equipos poderosos o la de los empresarios, sino para hacer ver que hace dos meses no hay fútbol y no ha pasado nada. Nada. No hay adictos en crisis de abstinencia; no hay millones de telefanáticos protestando porque llevamos meses sin el Barça, ni el Manchester ni el Real, sin que puedan ver ese pasatiempo que al parecer era la cosa más trascendental de cada día y de todas las semanas. Ni Messi ni Ronaldo, al fin y al cabo, sirven para curar el coronavirus. Al fin, al fin nos dimos cuenta de que los médicos eran más importantes que los futbolistas en una sociedad que pone las prioridades al derecho.

Creo que este silencio del fútbol internacional, el silencio de los periodistas deportivos que se quedaron sin tema (cuando antes dedicaban horas y horas de babas para discutir bobadas), esta ausencia de goles, de repeticiones en cámara lenta, de discusiones eternas sobre un off-side o una mano involuntaria, sobre desafíos, clásicos o chismes de novias o millones de euros por traspasos, pases y contratos, todas esas ausencias que no nos hacen falta, nos han recordado algo importante: que el fútbol no es tan importante. Que las enfermeras, los médicos y los hospitales son mucho más necesarios que los estadios. Que más vale tener camas de UCI, vacunas, anticoagulantes, antibióticos y máscaras de oxígeno, que camerinos con salas y jacuzzis.

Las crisis, por lo menos, reorganizan el orden de las prioridades. Lo más importante es producir comida, saber prepararla y distribuirla. Lo más importante es tener agua limpia para lavarse las manos. Lo más importante es tener una casa con aire y espacio y un parque verde en el barrio para poder descansar y pasear a distancia. Es mejor entrevistar a un experto en virus, en contagio, en tratamientos o prevenciones eficaces, que a un especialista en los resultados de todos los partidos de todos los mundiales. Mejor un matemático que entienda de curvas, el crecimiento estadístico, los escenarios distintos según el índice de propagación de una enfermedad contagiosa, que un sabelotodo en estrategias de ataque y defensa en equipos de once tipos.

No desprecio el fútbol. Sé que hay artistas y atletas de este juego ameno. Yo también grito y gozo cuando Colombia hace gol y me enfurezco con los errores del árbitro (sobre todo cuando nos perjudican, pues los humanos no somos robots imparciales). Como no lo desprecio, me ha convenido a mí también que esta crisis haya venido a recordarme que un futbolista no debería ganarse al año más que lo que cuesta mantener un hospital. Que los centros de salud van antes que las canchas. Que el espectáculo y la diversión no deberían trastocar tan hondamente todas las prioridades.

El fútbol espectáculo no es un fenómeno que tenga que ver siquiera con el deporte, con la actividad recreativa, con el ejercicio que nos hace más sanos y más aptos para aguantar las enfermedades y el paso de los años. A estas alturas considero que el fútbol profesional no debería depender de un ministerio de la cultura o del deporte, sino más bien del mismo departamento de “rifas, juegos y espectáculos”, que regula el chance y las loterías. Debería ser tratado como una pequeña adicción colectiva que, más que promover y ayudar y publicitar, habría que tasar, como los casinos. De las ingentes ganancias del fútbol, de la publicidad por el fútbol, de las transmisiones de fútbol, de las federaciones de fútbol, habría que sacar una tajada grande, enorme, la más jugosa y la más amplia, no para futbolistas, gremios o empresarios, sino para la salud de todos los ciudadanos.

 

HECTOR ABAD FABIOLINCE

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LA PATRIA |  Manizales

 

Pocos se dan el lujo de contar que Pelé, considerado como el mejor futbolista de todos los tiempos, lo llamó para pedirle una foto. Eso le sucedió al manizaleño Alonso "Pocillo" López que, a propósito, no sabe por qué le dicen así; no le falta ninguna de las dos orejas y menos a Óscar, su hermano mayor, del que heredó el apelativo en las calles de Ondas de Otún, donde se criaron.

Edson Arantes do Nascimiento, llamado Pelé, vino en 1984 a un Caminata de la Solidaridad por Colombia que aún se hace en Bogotá. Pocillo, figura de Millonarios, integraba el seleccionado colombiano y celebraba 14 años con la camiseta albiazul. "Llegué de 14 años, a las divisiones menores, crecí, ascendí jugué profesional con ellos. Debuté en 1974, me acuerdo que entré por Alejandro Brand, pero yo jugaba de volante 8; después con el paso de los años me pasaron de marcador izquierdo".

Y coincidieron en Bogotá el partido de la Selección Colombia en El Campín y la Caminata de la Solidaridad con Pelé a bordo: "Lo que tengo entendido fue que los directivos de Millonarios se encontraron con Pelé, lo invitaron al partido de la Selección y le contaron que yo estaba cumpliendo 14 años con el equipo, que si se podía tomar una foto conmigo".

Pocillo llegó a El Campín con la Selección y no tenía ni idea de lo que iba suceder minutos después: "Hubo mucha algarabía porque en la tribuna estaba Pelé. Todos no emocionamos. Después, el negro bajó a la cancha, participó en los actos protocolarios y me llamó ¡López!...¡López!, me le acerqué emocionado y me dijo, la foto, la foto, y esa fue la imagen que posteriormente salió en la revista del Club por mis 14 años con Millonarios".

Pocillo dice que sólo atinó a decirle a Pelé..."monstruo..." y el mejor jugador del mundo le sonrió y lo invitó a posar, nada más.

Esa foto, que de vez en cuando aparece en las redes sociales, es un tesoro que guarda Pocillo López en su archivo, claro, sin olvidar el instante eterno que vivió con Pelé y que empezó de la manera menos indicada, él pidiéndole la foto a Pocillo.

El caldense, campeón con Millonarios en 1978, bajo la orientación de Gabriel Ochoa Uribe, debutó con el elenco albiazul cuando era orientado por el argentino Juan Eulogio Urroiolabeitía. El final de su carrera lo hizo en 1986 con el Cristal Caldas que fue sensación del Campeonato y que lo dirigió Francisco Maturana.

Hoy, ad portas de los 64 años, vive en Manizales, después de haber hecho historia en el fútbol colombiano.

"No porque me haya pedido la foto, pero como Pelé no ha habido nadie y los he visto a todos, Maradona, Messi y Cruyf".
































Cochuelo, Palacio y pulseria


ASEMAF  JUNTA DIRECTIVA





















                                            EN VIDA  FERNANDO  





GRAN COMBO






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ALTA SUIZA




































MANISOL


























                                                                         
                                                                           
                                                             

                                                                                                    

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